La temporada 1939-40 fue un año crucial para el Levante UD, un periodo donde el coraje y la determinación del equipo se pusieron a prueba tras la devastación de la Guerra Civil Española. Después de un conflicto que había dividido al país, el fútbol se convirtió en un símbolo de unidad y esperanza, y el Levante, conocido como los Granotes, no fue la excepción.

El club, que había sido fundado en 1909, experimentó años de altibajos en sus primeros años, pero tras el final de la guerra, la necesidad de reconstituirse y recuperar el espíritu competitivo se volvió primordial. La temporada 1939-40 fue el primer año en el que el Levante pudo volver a competir en la máxima categoría del fútbol español, la Primera División, tras un largo periodo de inactividad y dificultades económicas.

A pesar de los retos, el Levante mostró un espíritu indomable. La plantilla, compuesta por jugadores que habían vivido la guerra y sus consecuencias, demostró un compromiso inquebrantable. Cada partido se convirtió en una batalla no solo por los puntos, sino también por la dignidad y el orgullo de una ciudad que había sufrido enormemente. El equipo, dirigido por el entrenador de la época, logró mantener la categoría, un triunfo que resonó más allá del terreno de juego.

La afición, en un acto de solidaridad y apoyo, se volcó en el Estadio de Vallejo, creando un ambiente electrizante que motivaba a los jugadores a dar lo mejor de sí. A través de cada encuentro, el Levante se fue ganando el respeto de sus rivales y la lealtad de su afición, que veía en ese equipo un símbolo de resistencia y esperanza.

El impacto de la temporada 1939-40 se extendió más allá de los resultados en la tabla. Fue un año que cimentó las bases del club para las décadas siguientes, donde los Granotes se consolidaron como un equipo de leyenda en la ciudad de Valencia. La historia de esos meses de lucha y superación se convirtió en un referente para las futuras generaciones, recordando a todos que el verdadero espíritu del Levante reside en su capacidad de levantarse, incluso de las circunstancias más adversas.

Así, la temporada 1939-40 no solo fue un capítulo más en la historia del Levante, sino un testimonio del valor y la pasión que definen a los Granotes, un legado que vive en la memoria colectiva del club y su afición.